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Clásica y ópera -

Carlos Prieto: el ingeniero y economista del MIT que optó por la música


Al tiempo que cursaba ingeniería metalúrgica y economía en el Instituto Tecnológico de Massachussets, entre 1955 y 1959, Carlos Prieto era el primer chelista de la orquesta sinfónica universitaria, lo que definió para siempre el rumbo de su vida.
04/06/22


“Yo tocaba el chelo desde los cuatro años, porque mi madre me lo compró antes de que naciera, dado que necesitaban un chelista en la familia para completar un cuarteto de cuerdas, así que yo desde antes de nacer ya estaba destinado a tocar el chelo”, nos dice Carlos Prieto como quien asume con fascinación su destino como un oráculo.

 

Hablar de Carlos Prieto Jacqué (Ciudad de México, 1937), quien el próximo 1 de enero cumplirá 85 años, es referirse al violonchelista más destacado y trascendente de México, tanto que, desde 1998, un concurso internacional de violonchelo lleva su nombre. De la mano del maestro Blas Galindo, prácticamente reintrodujo en los años 80 la música de violonchelo para orquesta, ya que no se conocían obras compuestas hasta antes de finales del siglo XIX.

 

Hace 40 años el repertorio de conciertos para chelo y orquesta, de compositores mexicanos, era escasísimo, se podía contar con una mano y sobraban dedos, entonces me di a la tarea de convencer a los compositores mexicanos para que compusieran música para chelo y orquesta, luego amplié esa tarea a América Latina, a España y al resto del mundo”, dice.

 

Fue en 1982 cuando Galindo compuso para Prieto la Sonata para violonchelo solo, que estrenó ese mismo año en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, y luego la llevó a Noruega y Suecia. En 1984, Blas Galindo compone su primer concierto de violonchelo para orquesta y Prieto lo estrena en el máximo recinto de la música y las artes en México en 1987.

 

El maestro Prieto, desde entonces, ha pisado los escenarios más importantes de música para concierto del mundo y estrenado más de 110 obras de diversos autores de distintas nacionalidades del continente, desde Estados Unidos hasta Argentina, además de India, Inglaterra y España. Tres cuartas partes de ese repertorio han sido compuestas para él o dedicadas a él.

 

A la veintena de reconocimientos que ha merecido, entre los que destacan el Premio Nacional de las Ciencias y de las Artes en 2008, la Medalla Bellas Artes en 2012, la Orden de las Letras y las Artes en grado de Oficial, del gobierno francés, en 1999; la Medalla Pushkin, del gobierno ruso, en 2008, y dos veces la Medalla Mozart, del gobierno de Austria, en grado de Excelencia, en 1991 y 1995, suma ahora el homenaje a su trayectoria como chelista y escritor que le tributó  hace un par de semanas el Festival de Música Urtext en su segunda edición, en el Museo Franz Mayer.

 

Tras la ceremonia, donde interpretó la pieza inédita Renacimiento para chelo y orquesta, compuesta para él por Samuel Zyman, y en compañía de sus familiares recibió la ovación de sus colegas músicos, discípulos y seguidores, el maestro Prieto, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Seminario de Cultura Mexicana, concede entrevista a El Economista.

 

“Yo siempre recibo los reconocimientos con mucho agradecimiento. Me siento muy agradecido con Urtext, que es una compañía con la cual he grabado una gran cantidad de discos”, dice, entre los que destacan Espejos, Le Grand Tango, Dmitri Shostakovich. Sonatas, De Bach a Piazzolla, Aprietos (un guiño musical que incluye seis piezas a él dedicadas por Samuel Zyman, y otros compositores de Bolivia, Chile, Colombia y España) y Conciertos y Chöro, que grabó bajo la batuta de su hijo Carlos Miguel Prieto, actual director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional y de la Orquesta Sinfónica de Minería.

 

Del MIT, a los escenarios del mundo

 

Siendo desde el colegio un estudiante de excelencia en física y matemáticas, y posteriormente un industrial exitoso, Carlos Prieto nos cuenta como se decantó por su verdadera pasión que ha sido siempre la música.

 

“Yo intenté ingresar en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por su sigla en inglés) en 1955. Pensaba que como era un universidad muy estricta y renombrada en sus estudios no me iban aceptar, y eso me daría la coartada perfecta para seguir en línea recta la carrera musical, sin embargo, para sorpresa mía me aceptaron, y allí, al mismo tiempo que estudiaba dos carreras, ingeniería metalúrgica y economía, me nombraron primer violonchelista de la orquesta sinfónica del MIT”, y eso, a la postre, le marcaría el derrotero.

 

“Cuando decidí que me iba a dedicar a la música, en 1977, animado por mi esposa María Isabel y mi hermano, ya había yo trabajado un tiempo como ingeniero, y entonces me puse a estudiar violonchelo siete u ocho diarias, porque era muy difícil esa transición. Si yo hubiera sabido al principio lo difícil que sería la transición para convertirme en un chelista profesional, no me habría animado”.

 

“Por fortuna no me percaté de esa dificultad, y entonces comencé a tocar como solista y a dar conciertos por todo el mundo, y no me ha ido mal, así que ahora estoy muy contento con esa decisión”, asegura.

 

La historia de ‘Miss Chelo Prieto’

 

En 1720, en Cremona, una pequeña población del norte de Italia, mientras Johann Sebastian Bach componía las Seis suites para violonchelo solo, Antonio Stradivarius creaba una obra maestra de laudería, el violonchelo conocido oficialmente como Piatti (en memoria del violonchelista italiano), instrumento con el cual Carlos Prieto ha recorrido el mundo desde 1979.

 

En 1978, 258 años después de su nacimiento, el Piatti llegó al taller de un importante comerciante de instrumentos de cuerda de la calle 57 de Nueva York -Jacques Français, muy amigo mío, precisa el maestro Prieto-. “Un día me llamó y me dijo ‘tengo un chelo que te podría interesar mucho’”.  Después de probarlo, Prieto le dijo que no le interesaba: “Estoy verdaderamente desilusionado, este violonchelo no suena”. Français repuso: “mira, este chelo lleva mucho tiempo sin tocarse y cuando un instrumento de cuerdas no se toca, enmudece, pierde la voz, tócalo intensamente durante un mes y nos dices qué opinas. Así fue y, finalmente, el 23 de julio de 1979 el Piatti era suyo.

 

Desde entonces, el maestro viaja a todos lados con su inseparable "Chelo Prieto", Miss Chelo Prieto, que es el nombre con el que lo registra para subirlo al avión, con boleto comprado, ya que por su fragilidad no podría viajar con el equipaje.

 

Le pregunto por las anécdotas que ha vivido con el chelo. Un día -me cuenta-, en un vuelo de Nueva York a Boston, le pidieron la identificación de “Miss Chelo Prieto”, y al ver que se trataba de un “pasajero” de tan avanzada edad, le otorgaron el descuento correspondiente a las personas mayores.

 

Una joya como ese Stradivarius es sencillamente invaluable. Sin embargo, cuenta el maestro, en una ocasión al llegar a Nueva Delhi había que declarar en la aduana el valor del instrumento. Así que un funcionario del consejo indio de relaciones culturales, a fin de simplificar el trámite, declaró su valor en 50 dólares. Y ese es el único avalúo que tiene el chelo desde que lo adquirió Carlos Prieto.

 

Este fascinante periplo del Piatti, de más de 300 años, lo narra Prieto en su libro Las aventuras de un violonchelo. Historias y memorias (FCE, 1998) que ya va por la cuarta edición y con un buen número de traducciones. “Un libro de un valor y una trascendencia sin antecedentes en la historia de la música”, escribe el Premio Cervantes, Álvaro Mutis, en el prólogo.

 

Esta obra, que descuella entre las trece que conforman su producción literaria, no sólo cuenta la historia de "Chelo Prieto"sino que es un conciso tratado de laudería y un recorrido minucioso por historia de la música para violonchelo desde los tiempos de Stradivarius hasta nuestros días. “La música como una gran aventura de la mente y del cuerpo. Esto es lo que nos brinda Carlos Prieto en este muy animado libro”, expresó en su momento Carlos Fuentes, otro Premio Cervantes amigo suyo.

 

“Me obsesioné tanto por conocer la historia de este chelo, que comencé a indagar y me convertí verdaderamente en un detective de la historia de un violonchelo, y de allí salió ese libro”, comparte.

 

Carlos Prieto ha gozado de la cercanía y amistad con dos de los más grandes músicos rusos del siglo XX, Dmitri Shostakóvich e Ígor Stravinski, con quien incluso compartió escenario. Pero para concluir la entrevista le pido que me diga tres nombres de sus compositores mexicanos favoritos. Imposible. Se le vienen a la mente más de una decena: Mario Lavista, Joaquín Gutiérrez Heras, Arturo Márquez, Carlos Chávez, Eugenio Toussaint, Alexis Aranda, José Elizondo, Federico Ibarra, Samuel Zyman, Blas Galindo, Ricardo Castro, con quienes siente una deuda de gratitud porque todos le han dedicado piezas. Sin embargo, en la intimidad de su estudio, Carlos Prieto sigue disfrutando a solas interpretando a Bach, con su Stradivarius de más de 300 años.

 

Fuente: https://www.eleconomista.com.mx/

 



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