Viernes, 25 de Julio de 2008

Nur Wagner

Parsifal (libreto)

Parsifal (libreto)

El múltiple origen del material plantea la cuestión de la fuente que pudo haber conocido y utilizado Wagner. Y con ello tocamos un ámbito muy difícil de aclarar: la relación de Wagner con «doctrinas secretas» de todo tipo y con el ocultismo (del cual estuvo por lo menos en la periferia) y su papel como poeta de lo sobrenatural, como simbolista, como «iniciado». Al igual que todos los grandes poemas de Wagner, Parsifal admite muchas interpretaciones...


Por un lado, una cristiana, lo que parece reservarle a la obra un lugar en las programaciones teatrales de Semana Santa: el paralelismo entre Cristo y Parsifal es demasiado notable para descartarse. La idea de la salvación se expresa en sentido cristiano en esta obra. A pesar de todo, hay una serie de rasgos en la figura de Parsifal que denotan una fuerte aportación de Wagner: sobre todo hay que señalar la idea del «viaje», del desarrollo y de la perfección, que caracterizan a Parsifal. Él es el «necio puro» que llega a ser «sabio por compasión». Por lo tanto, según Wagner, no es suficiente nacer o estar destinado a ser salvador (como lo estaba Jesús por ser hijo de Dios y por su nacimiento virginal); Wagner exige una participación activa, aunque tal vez inconsciente, un proceso de purificación.

Muchos detalles de su drama se relacionan conscientemente con la historia de la salvación cristiana: la unción y el lavado de pies, el reconocimiento del carácter de salvador en el regreso triunfal de Parsifal, que es casi un regreso al hogar, del mismo modo que Jesús regresa al «Cielo» con la resurrección. De todos modos, también aquí hay diferencias importantes: Parsifal se convierte en salvador vivo; Cristo, en cambio, muere. Por lo tanto, Parsifal no es necesariamente Cristo, sino su representante en la tierra. ¿Un profeta? No sabemos cómo lo sintió Wagner en su intimidad.

Mucho más enigmática es su intención en la figura más fascinante y ambigua de su poema: Kundry. Wagner la adopta como adoptó la figura de Parsifal -en el caso de este último, le quita la sangre principesca y no menciona que sus padres Gamuret y Herzeloyde (que modifica y convierte en Herzeleide) son de noble cuna-, pues Kundry aparece en las fuentes antiguas y se la califica de «bruja». Incluso se habla de una doble existencia: seductora, penitente y servidora. Wagner le añade la importante dimensión de «reencarnada», de «renacida», y se sale así del marco «cristiano» del drama. De cualquier manera, habría que observar que no es del todo imposible suponer e incluso encontrar algo así en las primeras épocas del cristianismo. En esta obra se aborda un tema importantísimo cuyas profundidades no pueden sondearse con medios racionales; sólo sabemos que el trabajo poético de Wagner reúne, amalgama y configura en una unidad perfecta los elementos más heterogéneos y distantes; que su visión dramática es fascinante, que su lenguaje es muy propio, pero plástico, expresivo y de bello sonido.

Sin embargo, Parsifal no es fácil de entender; si bien el espectador y oyente superficial podrá sentirse satisfecho con los aspectos «cristianos» de la obra, el espectador con una visión más profunda encontrará mundos primigenios y abismos que el otro no sospecha. Parsifal no está hecho con el molde de Lohengrin ni es una repetición de Tannhauser, como se afirma a menudo. Representa algo completamente nuevo, no sólo en la creación de Wagner.

Parsifal no llega a «sabio» a través de la enseñanza o la experiencia, sino únicamente «por compasión». De no haberse encontrado con Kundry, seguiría vagando por el mundo hasta el fin de sus días; pero en el instante del beso de la mujer, al que sucumbió Amfortas, no irrumpe en él vi sión sensual, como espera Kundry, sino la iluminación interior. ¡Amfortas, la herida! En ese instante reconoce su sentido. Desde la destrucción del jardín mágico hasta la mañana del Viernes Santo, en que Parsifal llega repentinamente a las tierras del Grial que tal vez había buscado infructuosamente durante mucho tiempo, no ha transcurrido el tiempo en el sentido corriente. Pues ha llegado a su corazón la compasión más auténtica: en ese significativo instante ha comprendido el sufrimiento y el destino de Amfortas.

Y el Grial no se revela al que busca, al que peregrina, al que lucha, ni siquiera al que cree, sino sólo al que siente compasión. Debemos ampliar nuestro concepto de compasión, ampliarlo infinitamente, si que remos comprender Parsifal, es una palabra muy grande, porque encierra el amor.

La mencionada «atemporalidad» que Wagner crea en ciertas escenas se expresa también literariamente en uno de los momentos poéticos más intensos y bellos de la obra. Gurnemanz y Parsifal recorren el camino hacia el Grial. El joven caballero dice sorprendido: «Vamos al paso, pero ya creo estar lejos», a lo que el anciano lleno de experiencia responde: «Hijo mío, el tiempo se convierte aquí en espacio». Una expresión que ha sido interpretada cientos de veces, pero que sigue dando que pensar.

Wagner ha descrito Parsifal con una sola palabra: ein Bühnenweihfestspiel (una celebración sagrada). La palabra reúne inseparablemente los conceptos de Bühne (escenario), Weihe (consagración), Fest (festival) y Spiel (representación); traducirla por «festival», como suele hacerse en el ámbito hispanohablante, es poco imaginativo.

Wagner ha encontrado y creado algo nuevo. Parsifal no es idéntico a Sigfrido (aunque ambos tienen en común el desconocimiento del mundo, por lo tanto ambos son «necios» en el más amplio sentido de la palabra); no es un Tannháuser (porque debe elegir entre amor sensual y amor purificado, entre reinos opuestos de Eros); Amfortas comparte ciertamente algunos rasgos con el holandés errante, pero la causa profunda de su sufrimiento es completamente diferente del destino del hombre de mar. Y para Kundry no hay ningún antecedente, según parece, ni en la obra de Wagner ni en ninguna otra figura artística. Por consiguiente, los numerosos ataques dirigidos contra Parsifal parecen infundados, y se puede sostener perfectamente que por lo menos en el ámbito poético-dramático la creación de Wagner alcanza un punto culminante.

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen
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Breves

  • 26 de julio de 1882: estreno de la ópera "Parsifal", de Richard Wagner. En esta ópera, Wagner crea una mitología que se ha convertido en una constante en el arte de masas: la llegada del Elegido que ha de salvar a la Humanidad.

  • 26 de julio de 1866: nace Francesco Cilea, compositor italiano. Fue el heredero de la corriente verista italiana de finales del siglo XIX y principios del XX. Cilea se dedicó a la dirección de conservatorios de música y la enseñanza. Dictó clases en Florencia, Palermo y finalmente Nápoles, donde trabajó desde 1916 hasta su retiro en 1936. El mayor éxito de Cilea y su más famosa ópera fue Adriana Lecouvreur. Fue estrenada en Milán en 1902 con Angelica Pandolfini y Enrico Caruso.

  • 23 de julio de 1757: muere Domenico Scarlatti, músico italiano. Fue maestro de capilla de San Pedro, compositor de música sagrada para la capilla pontificia y autor de óperas para la reina de Polonia. Residió en Londres, Lisboa y Madrid y fue considerado uno de los precursores más destacados de la sonata clásica.

  • 14 de julio de 1910: muere Marius Petipa. Dedicó casi seis décadas de su vida al ballet ruso; primero bailarín, luego asistente, desde 1862 maestro de ballet y en 1869 alcanzó el puesto de director absoluto del Ballet Imperial. Petipa era un trabajador incansable, de una inventiva prodigiosa, a quien nunca le habría hecho perder el sueño tener que montar en poco tiempo una serie completa de nuevos números de danza.


Citas

  • "Si posees alumnos a quienes les enseñas música, ayúdalos por todos tus medios posibles a lograr sus sueños. Pero ten mucho cuidado en la manera en que influyes en esos sueños"
    Friedrich Gulda

  • "La música es la aritmética de los sonidos, como la óptica es la geometría de la luz"
    Claude Debussy

  • "No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido"
    Ludvig van Beethoven

  • "En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco"
    Piotr Illych Chaikovski

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Intérpretes

Músicos

Osvaldo Pugliese

Osvaldo Pugliese

Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905. Su padre, Adolfo, obrero del calzado, intervenía como flautista aficionado en cuartetos de barrio que cultivaban el tango. Dos hermanos mayores tocaban violín: Vicente Salvador, "Fito", y Alberto Roque, más consecuente que el primero y por muchos años ligado a la música. A Osvaldo fue el padre quien le impartió las primeras lecciones de solfeo, y comenzó a balbucear con el violín también, pero pronto se inclinó por el piano, aunque don Adolfo tardó cierto tiempo en comprar el costoso instrumento.

Bs. As., 24 de julio

Se reinaugura el monumento a Osvaldo Pugliese

El ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, presidirá este viernes, a las 17.30, el acto de reinauguración del monumento a Osvaldo Pugliese en la plazoleta homónima ubicada en la intersección de las avenidas Corrientes y Scalabrini Ortiz y Luis María Drago, en el barrio de Villa Crespo. La obra, perteneciente a la escultora Paula Franzi, había sido inaugurada el 02 de diciembre de 2005 con motivo de celebrarse en esa fecha los cien años del nacimiento del maestro Pugliese.

Bs. As., 16 de julio

Orquesta El Arranque presenta su nuevo disco

La discográfica Epsa Music presenta “Nuevos”, el sexto trabajo de la orquesta El Arranque. Un disco dedicado exclusivamente a un repertorio de nuevas composiciones de integrantes del grupo y de colegas de su generación. Así, El Arranque abre el juego interpretando obras de Sonia Possetti, Andrés Linetzky, Abel Rogantini, Ramiro Gallo y Juan Quintero entre otros. Un esperado guiño que plantea la necesaria interacción entre colegas. El disco también incluye una bellísima versión del tema “El sur del sur” de Jorge Drexler, cantada por Noelia Moncada.


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