Miércoles, 08 de Octubre de 2008

Clásica y Ópera | Obras Maestras

Haroldo en Italia de Héctor Berlioz

Haroldo en Italia de Héctor Berlioz

Haroldo en Italia fue iniciada a comienzos de 1834 y se terminó el 22 de junio del mismo año. Fue estrenada el 23 de noviembre de 1834 por el intérprete de viola Chrétien Urban en el Conservatorio de París. La obra debe su origen al gran virtuoso del violín, Niccoló Paganini. Haroldo es una composición especial. No es realmente un concierto ni tampoco una sinfonía, pero tiene aspectos de ambos. El uso del solista como comentarista en lugar de ejecutante principal es muy inhabitual. La orquestación, como siempre ocurre con Berlioz, es extraordinariamente imaginativa, colorida y excitante.


Haroldo en Italia debe su origen al gran virtuoso del violín, Niccoló Paganini. Las dotes increíbles de Paganini fueron legendarias. Su estilo de ejecución tuvo influencia sobre pianistas y compositores así como sobre violinistas. Sin embargo, él fue más que un violinista. Fue un logrado compositor, ejecutante de viola y (como Berlioz), guitarrista. Cuando en 1833 adquirió una viola Stradivarius, estaba ansioso por exhibir su sonido maravilloso en los conciertos. Sin embargo, había un problema. No existía música de suficiente virtuosismo escrita para ese instrumento. Cuando Paganini oyó una ejecución de la brillante primera sinfonía de Berlioz, la Symphonie Fantastique, de inmediato se le ocurrió la respuesta: conseguiría que Berlioz compusiera para él un concierto para viola.

Berlioz arguyó que el mismo Paganini debía ser la opción lógica de compositor, pero el violinista insistió. "Usted es el único en el que puedo confiar para realizar una obra semejante." Berlioz aceptó el encargo. Había estado planeando componer una segunda sinfonía y el estímulo de un encargo lo hizo pensar en "una pieza de solo para viola, pero un solo combinado con la orquesta de tal manera que ello no afectara la expresión de la masa orquestal... Mi idea era escribir una serie de escenas para la orquesta en las que el solo de viola se involucrara como un carácter más o menos activo, reteniendo siempre su propia individualidad. Al ubicar la viola entre los recuerdos poéticos de mis vagabundeos por los Abruzzos, deseé convertirla en una suerte de soñador melancólico, a la manera del Childe Harold de Byron. De ahí el título Haroldo en Italia."

De hecho, Berlioz no siguió ninguna de las escenas del poema de Byron. El compositor había leído la obra mientras estaba en Roma y se identificaba con los vagabundeos del poeta por Italia, registrando sus impresiones. Los títulos coloridos que Berlioz dio a los cuatro movimientos constituyen todo lo que él deseaba revelar sobre el programa.

Haroldo está representado por un tema, que se oye cuando la viola hace su primera entrada. Este tema vuelve en cada uno de los movimientos, a medida que Haroldo observa las diferentes escenas. De este modo, se asemeja a la idée fixe de la Symphonie Fantastique. Pero hay una diferencia, explicaba Berlioz: "La idee fixe se introduce a sí misma obstinadamente, como una idea apasionada y episódica, en las escenas que son completamente ajenas a ella, interrumpiéndolas, en tanto que la melodía de Haroldo se agrega a las otras melodías orquestales con las cuales contrasta tanto en movimiento como en carácter sin obstaculizar su desarrollo."

Parte de la razón de la vaguedad del programa es que Berlioz ya había compuesto parte de la música antes de recibir el encargo de Paganini. El tema de Haroldo y el segundo tema del primer movimiento ya habían sido utilizados en la Obertura Rob Roy, que el compositor había escrito en 1831-1832 y posteriormente había desechado. El tema de Haroldo había sido un solo lírico de corno inglés. En parte por esa razón, no hay una completa virtuosidad en la línea del solo del primer movimiento. Además, hay muchos pasajes en los que el solista no toca nada en absoluto. Paganini no se sintió muy feliz cuando Berlioz le mostró la partitura terminada de este movimiento. "¡No es así en absoluto!", gritó. "Estoy en silencio demasiado tiempo. Debo estar tocando todo el tiempo." Paganini retiró su apoyo, pero sin embargo Berlioz continuó con la obra hasta terminarla. Se la dedicó a otro intérprete de viola, Humbert Ferrand.

En 1838, Paganini, que por entonces estaba viejo y débil, oyó Haroldo por primera vez. Le dijo a Berlioz: "Jamás me había sentido tan poderosamente impresionado en un concierto. Si no me contengo, me hubiera puesto de rodillas para agradecérselo." Poco tiempo después de esto, Berlioz recibió una fuerte suma de dinero que él pensó sería un presente de Paganini. En realidad, el violinista era un tacaño y el dinero provenía de un amigo de Berlioz, Armand Bertin, que deseaba darle al compositor algo que le ayudara a contar con más tiempo libre. Como Bertin sabía que Berlioz nunca aceptaría un presente de él, arregló las cosas de modo que el compositor creyera que el dinero provenía de Paganini. Con este dinero, Berlioz se liberó de otros deberes y dispuso de tiempo para componer su tercera sinfonía, Romeo y Julieta, que dedicó a Paganini.

Haroldo es una obra especial. No es realmente un concierto ni tampoco una sinfonía, pero tiene aspectos de ambos. El uso del solista como comentarista en lugar de ejecutante principal es muy inhabitual. La orquestación, como siempre ocurre con Berlioz, es extraordinariamente imaginativa, colorida y excitante.

El primer movimiento empieza con una enorme introducción dividida en cuatro subsecciones. Incluso cuando el tempo se acelera al allegro, todavía estamos en la introducción. La parte principal del movimiento comienza cuando la viola presenta el tema principal, una nota a la vez.

El segundo movimiento es una concepción extraordinariamente original. Después de una introducción de cuerdas aisladas, los primeros violines cantan una melodía. Esta se continúa en las violas y luego en los instrumentos de viento. Y así continúa, una y otra vez el mismo modelo repetido. Finalmente, hace su entrada el solo de viola, interpretando el tema de Haroldo. Pero el resto de la orquesta continúa como si la viola ni siquiera estuviera allí. Un rasgo interesante es que las longitudes de las frases de la orquesta y las de la viola no son iguales. De este modo se crea una tensión sutil. Una vez que la viola se retira, la orquesta continúa como lo había estado haciendo. Después de una sección media, marcada como Canto religioso, vuelve la sección principal. Hay una coda ampliada, en la que los instrumentos de viento y el arpa parecen no lograr decidir sobre cuál de dos notas establecerse. El pasaje sugiere dos campanas distantes que doblan. Este movimiento, por completo simple y sin embargo interminablemente fascinante, no se parece a ningún otro en toda la música.

El tercer movimiento es apenas menos original. Comienza con un tema de scherzo ejecutado en oboe y piccolo (una sonoridad que imita a un oboe rústico que Berlioz escuchó en Italia). Una vez que la viola hace su entrada con el tema de Haroldo, la orquesta la ignora, como en el movimiento lento. Gradualmente, paso a paso, la música de la viola se parece más a la del resto de la orquesta, hasta que las dos se integran por completo. El movimiento se cierra con una coda elaborada que sobreimprime el ritmo de scherzo, una melodía lírica oída previamente en el corno inglés y en el tema de Haroldo, todo moviéndose simultáneamente en tiempos aparentemente diferentes.

El final comienza impetuosamente con su tema principal, que se interrumpe tan abruptamente como comenzó. Allí sigue una serie de recuerdos, siempre en el solo de viola, de temas de los movimientos anteriores (un artificio que Berlioz tomó prestado del final de la Novena Sinfonía de Beethoven). Alternando con estas reminiscencias hay intentos vigorosos de parte de la orquesta de iniciar el final moviéndose con su propio material. Por último, la orquesta está libre para desarrollar una frenética bacanal, auxiliada por un segundo tema de un abandono aun mayor que el de su antecedente. Durante toda esta larga "Orgía de los Bandoleros", la viola solista permanece silenciosa, casi olvidada. Por último, el frenesí desciende y tres distantes instrumentos de cuerdas entonan una reminiscencia más (el tema principal del segundo movimiento). Sólo entonces puede reaparecer la viola, después de haber estado ausente durante casi todo el movimiento. Todo lo que ella ejecuta, sin embargo, es una sola frase bellamente ampliada, después de la cual la orquesta reanuda su orgía e impulsa vigorosamente hacia la conclusión. Un movimiento extraordinario, moldeado en una forma única, sirve como conclusión adecuada a esta sinfonía-concierto absolutamente singular.
 
Más Notas
Sinfonía Nº 3 “Renana” de Robert Schumann
Obertura Las Hébridas de Felix Mendelssohn
Sinfonía Nº 9 de Anton Bruckner
Sinfonía Nº 1 de Johannes Brahms
Sinfonía Nº 5 de Anton Bruckner

Ver Historial




Breves

  • 09 de octubre de 1835: nace Camille Saint-Saens. Fue compositor, pianista, organista, director de orquesta, organizador de conciertos, crítico y pedagogo. Durante toda su carrera se mantuvo fiel a una misma estética, en contraposición a todas las corrientes que se darían desde Wagner a Schoenberg. Como concertista realizó prolongadas giras en las que ejecutaba sus propios conciertos de piano e incluso dirigía sus propias obras para orquesta.

  • 07 de octubre de 1959: muere en Roma el tenor Mario Lanza. Su gran mérito fue democratizar la ópera, al llevarla a todo el público en forma de películas, siendo El Gran Caruso una de las más recordadas. La corta carrera de Lanza abarca ópera, radio, conciertos, grabaciones y películas. Lanza inspiró la carrera de las sucesivas generaciones de cantantes de ópera, incluido Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, Leo Nucci y José Carreras, así como las de cantantes aparentemente con diferentes antecedentes e influencias.

  • 26 de septiembre de 1945: muere en Nueva York, Bela Bartok, compositor húngaro. Una de las figuras más originales y completas de la música del siglo XX. Durante ocho años recorrió no sólo su país, sino también Rumania y Eslovaquia. Tomaba nota y grababa registros fonográficos de todos los cantos que oía. Más tarde los publicó, difundiendo así un estilo popular que hasta entonces se confundía con la música zíngara.

  • 26 de septiembre de 1898: nace en Brooklyn, George Gershwin. Compositor norteamericano proveniente de la música ligera y del jazz. Supo adaptar los géneros populares al entorno clásico. En Estados Unidos su obra es valorada y reconocida con homenajes, festivales y concursos de composición.

  • 25 de septiembre de 1849: muere Johann Strauss (padre), compositor austríaco. Aunque compuso alrededor de 300 obras, es recordado por el vals Loreley-Rhein-Klänge y por la marcha Radetzky.


Citas

  • "Si posees alumnos a quienes les enseñas música, ayúdalos por todos tus medios posibles a lograr sus sueños. Pero ten mucho cuidado en la manera en que influyes en esos sueños"
    Friedrich Gulda

  • "La música es la aritmética de los sonidos, como la óptica es la geometría de la luz"
    Claude Debussy

  • "No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido"
    Ludvig van Beethoven

  • "En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco"
    Piotr Illych Chaikovski

  • "La elevada misión de la música es iluminar las profundidades del corazón humano"
    Robert Schumann

hlm.tango

Intérpretes

Voces

Reynaldo Martín

Reynaldo Martín

Los años 60, fueron muy difíciles para el tango. El rock se había impuesto en la juventud y la política cultural y los medios de comunicación apoyaban más al folklore que a la música ciudadana. El tango estaba "en baja", no se vislumbraba ninguna figura en el horizonte y los tangueros se guarecían en los pocos refugios que había en Buenos Aires. En esas apareció un muchachito rubio, con pinta de galán televisivo, simpático y muy sencillo. Reynaldo Martín fue un remanso de aire puro que enseguida atrajo al público con su voz expresiva y fresca, con una muy buena dicción y, lo que es más importante, afinado.

Poetas

Homero Expósito

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El más original, el más importante y el más representativo de los poetas del tango, a partir de la brillante generación del cuarenta. Orientó Homero Expósito su inventiva literaria consagrada a la canción popular, en la confluencia de dos actitudes poéticas temperamentalmente opuestas, pero igualmente admirables: el romanticismo nostálgico y evocativo de Homero Manzi, y el grotesco dramatismo sarcástico de Enrique Santos Discépolo. De tan sutil combinación estilística y temática sin proponérselo, logró Expósito definir una novedosa y originalísima modalidad de interpretación para la letra del tango.

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Buenos Aires y Montevideo postularán el tango, tradicional música y danza del Río de la Plata, como Patrimonio Cultural de la Humanidad ante la UNESCO, que otorgó ese estatus a expresiones como los carnavales de Oruro y Barranquilla, o el Ballet Real de Camboya. La decisión común hizo caso omiso de la histórica disputa entre argentinos y uruguayos sobre el lugar de nacimiento de Carlos Gardel, el mítico cantante de tangos que inició en Buenos Aires su brillante carrera con proyección internacional.

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Jorge Retamoza es un músico de trayectoria impecable que se hizo con sus propias propuestas o sumando su creatividad a las de otros artistas, distintos géneros, escenarios y formaciones. Cuesta definir rápidamente, si fuera necesario hacerlo, el trabajo de su actual grupo, Tango XXX. Varios cronistas lo han resuelto diciendo que se trata de tango -algo esencialmente cierto- con gestos de jazz, verificable en la formación y actitud de sus músicos.


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