Jueves, 19 de Octubre de 2017

Clásica y Ópera | Obras Maestras

Concierto N° 2 para piano y orquesta de Sergei Prokofiev

Concierto N° 2 para piano y orquesta de Sergei Prokofiev

Por Jorge de Hegedüs - Entrando en la segunda década del siglo XX el mundo de los sonidos comenzó a ser sacudido. En cierta medida ello fue comprensible. Sea en la intimidad familiar, o en las grandes salas de conciertos, la música de Beethoven, Schubert, Chopin, Liszt, Schumann Saint- Saëns o Brahms fluía constantemente. A esto conviene agregar que en el oriente europeo, específicamente Rusia, además de escucharse asiduamente a los compositores anteriormente mencionados, se agregaba los locales como, entre otros, Tchaikovski y Rimski Korsakov.








Tomando en cuenta a San Petersburgo o a Moscú los auditorios se fascinaban con el “Lago de los Cisnes”, “Cascanueces”, “Scheherezade”, los conciertos para piano y orquesta del primero de los nombrados, y también los de Anton Rubinstein. Pero de repente ocurrió algo que hizo un cambio de libreto, especialmente a los aficionados a la música. En París irrumpió una obra titulada “La Consagración de la Primavera” de Igor Stravinski y casi simultáneamente en Moscú y Pavlovsk los dos conciertos para piano y orquesta de Serguei Prokofiev, especialmente el segundo de los mismos. En estas obras, como en muchas otras más, estos compositores –juntos con Shostákovich y Max Reger− impulsaron un verdadero cambio de timón en la estética musical. Pero nos detendremos en el Concierto N° 2, opus 16 para piano y orquesta, de Serguei Prokofiev.   

Es muy conocido el hecho que Prokofiev –al igual que Rachmaninov− presentaron oficialmente distintas composiciones propias antes de haber egresado de sus respectivos conservatorios, en otras palabras, “ya ejercían su profesión de compositores” sin haber obtenido todavía sus correspondientes diplomas.
El Concierto N° 2 de Prokofiev fue dedicado a Max Shmitgov, compañero de estudios del compositor, quien perdió la vida suicidándose. Esta obra se estrenó poco después de la primera, específicamente el 5 de septiembre de 1913. El mismo compositor ucraniano fue el solista y el director de la orquesta – de la ciudad de Pavlovsk, que estaba bajo la jurisdicción de San Petersburgo− fue el maestro A. P. Aslanov.

La reacción del público, salvo excepciones, no fue negativa. Pero la crítica periodística fue sumamente dura contra este joven compositor que contaba en esos momentos 21 años de edad. ¿Qué fue lo que expresaron los críticos? Algo parecido a lo que manifestaron con relación al Concierto N° 1 que según ellos era “cacofonía cruda, grosera y primitiva, que apenas merecía el nombre de música (…) estas cosas no suceden con un verdadero talento”.

Como la estructura o idea musical de Prokofiev no había variado, la reacción de los críticos fue nuevamente negativa, áspera. Al respecto expresaron: “apareció en el escenario un joven con el aspecto de un escolar de Petersburgo. Era Sergei Prokofiev. Se sentó al piano y parecía que ora sacudía el polvo del teclado, ora golpeaba notas al azar de un modo estridente y seco (…) se elevaron murmullos indignados: dos personas se levantaron y salieron rápidamente, exclamando <música como esta es suficiente para enloquecerlo a uno> (…) otras personas del público las siguieron. El joven pianista terminó su concierto con una combinación inexorable y discordante de los bronces. El público estaba escandalizado y la mayoría silbó”.

Lo llamativo y hasta jocoso fue la reacción de este joven compositor, puesto que la crítica siguió de la siguiente manera: “con un saludo burlón, Prokofiev se sentó de nuevo y de inmediato tocó un bis. Hubo exclamaciones desde todos lados: < ¡Al diablo con esta música futurista! ¡Vinimos a divertirnos! ¡Los gatos sobre el tejado hacen ruidos más soportables”! >.

Sin embargo, y esto ya anunciaba aspectos muy importantes para el futuro artístico de Prokofiev, también hubo otra clase de crítica hacia este segundo concierto para piano y orquesta: “¡Qué novedad! ¡Qué temperamento y originalidad!”. Esta observación partió del crítico musical “progresista” Karatiguin que venía siguiendo a Prokofiev hacía un tiempo desde el punto de vista artístico. Al escuchar el segundo concierto del ucraniano realizó un serio análisis crítico de dicha obra. Al respecto destacó que esta composición tenía rasgos neoclásicos e incluso lo vinculaba hacia las ideas musicales del compositor alemán Max Reger (1873 – 1916). Karatiguin profetizó el éxito que tendría este discutido concierto –discutido para entonces− en el futuro, y distinguió en dicha composición “el intenso contraste entre el tono de <pesadilla> de las armonías y la enorme reserva de salud, robustez y alegría que rezuma de la música”.

Debido a las duras observaciones de otros importantes personajes del mundo musical nuestro compositor se debe de haber consolado recordando los comentarios que se habían hecho pocos meses antes con relación a la “Consagración de la Primavera” de Stravinski, –estrenada en París el 29 de mayo bajo la dirección de Pierre Monteux− y en cómo este compositor ruso había sido tan duramente criticado.

Prokofiev no quiso darse por vencido; por tal motivo y quizás de forma obstinada, le pidió al conocido director de orquesta y compositor Alexander Siloti (1863 -1945) que dirigiera esta composición. Pero este respondió que “semejante obra está más allá de mis posibilidades. Después de todo, la música de Debussy posee por lo menos un aroma agradable. La música de Prokofiev apesta hasta los cielos”.

En cierta forma este compositor dejó de lado esta obra para dedicarse a rendir sus últimos exámenes en el conservatorio. En dicho acontecimiento no ofreció tocar ninguno de los conciertos “clásicos” de otros compositores, sino lo hizo con el N° 1 en re bemol mayor, es decir, con el suyo propio. Pese al ceño fruncido de algunos miembros del jurado, –especialmente Alexander Glazunov− nuestro joven músico fue aprobado.
 
Poco después Prokofiev viajó a Londres en donde trabó conocimiento con el empresario y fundador de los “Ballet Rusos” Sergei Diaghilev (1872 – 1929). Aprovechó la ocasión para hacerle escuchar su concierto en un arreglo especial para piano solo. Diaghilev no se mostró del todo conforme con lo escuchado, pero detectó su gran talento y por tal motivo le encargó que compusiera música de ballet, propuesta que Prokofiev aceptó de inmediato.

Este artista ucraniano tuvo que esperar varios años para la ejecución de su Concierto N°2 para Piano y Orquesta. Pero ello fue por una razón muy poderosa: la partitura original se había quemado en un incendio. Por ello volvió a reescribirla con varias modificaciones, y la misma estuvo lista para 1923. A continuación se trasladó a París, pues la “ciudad Luz” estaba dando paulatinamente cabida a las nuevas expresiones artísticas. Prokofiev ejecutó por fin su concierto y tuvo gran aceptación y hasta entusiasmo por parte del auditorio parisino.

En un análisis objetivo de esta obra se puede constatar que dura aproximadamente el doble que el concierto N° 1. Tiene cuatro movimientos: 1) Andantino; 2) Scherzo: vivace; 3) Intermezzo: Allegro moderato; 4) Final: Alegro tempestuoso. De acuerdo al intérprete y la orquesta dura aproximadamente unos 32 minutos.

Debido a que Prokofiev enfocó de entrada a este concierto como un “Andantino” en el tono de do mayor, el mismo comienza en forma relativamente lenta, con un tema desarrollado mediante octavas por parte del piano y sostenido armónicamente por la orquesta. Luego pasa a una especie de scherzo - allegretto. Finalmente este primer movimiento retoma el tema inicial mediante una cadencia enfocada en un solo de piano. El scherzo del segundo movimiento, básicamente en mi menor, se encara mediante un trabajo sumamente ágil tanto por parte del piano como también de la orquesta. El trabajo del solista es continuo, largo, poniendo verdaderamente a prueba al pianista. Luego de ello, en el tercer movimiento sigue una especia de interludio o intermezzo de aspecto “grotesco”, con enfoque de marcha y con una orquestación verdaderamente llamativa, la cual se alterna mediante “glissados” rítmicos por parte del piano.

El último movimiento, “final: alegro tempestuoso”, que vuelve al do mayor, arranca con un staccato brillante, el cual se distribuye tanto para el piano como también la orquesta. Pero luego se pasa a un llamativo contraste pues todo se “aquieta”. Finalmente el piano pasa a una cadencia y a una recapitulación de toda la obra mediante un final verdaderamente animado.

En general, y como lo observa muy bien el músico, escritor y crítico musical Harold Robinson, este concierto desborda con ideas interesantes, y que “a cada instante amenazan con hacer pedazos los límites de la forma”. A esto podemos agregar que este segundo concierto para piano y orquesta, expresa en general gran extroversión, y que exige al máximo las capacidades técnicas del ejecutante mediante constantes exigencias. En cuanto a los registros discográficos que se pueden citar y muy recomendables para escuchar son los siguientes intérpretes del teclado: Vladimir Ashkenazy, Jorge Bolet, Yefim Bronfman, Nikola Dimidenko, Vladimir Feltsman, Horacio Gutiérrez, Gabriel Tacchino, Alexander Toradze y Yundi Li.

Jorge de Hegedüs

 
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • George Gershwin

    Biografía

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 17

  • Fantasía para un gentilhombre

    Joaquín Rodrigo

  • Astor Piazzolla (parte 1)

    Biografía

  • Sinfonía Nº 1

    Allegro con energia

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 22

  • Así hablaba Zarathustra

    Richard Strauss

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 25

Intérpretes

Músicos

Pedro Maffia

Pedro Maffia

Inauguró una modalidad completamente nueva de ejecutar el bandoneón. Dejaba el fuelle cerrado, sin alargar ni contraer sus pliegues. Gracias a este método, el imperioso instrumento del tango alcanzó con Maffia una mayor precisión y pureza de sonido. "El pibe de Flores", como se lo conocía por entonces, llevó el fueye a uno de sus puntos de mayor altura interpretativa. Anibal Troilo, que percibió en él al maestro, le dedicó el tango A Pedro Maffia, y Astor Piazzola compuso Pedro y Pedro, en homenaje a él y a Pedro Laurenz

Voces

Lidia Borda

Lidia Borda

Desde 1995 transformada en una de las principales intérpretes del género, Lidia Borda es admirada por público y crítica, quienes la consideran una cantante de culto y la mejor voz femenina surgida en las últimas décadas, despertando elogiosos comentarios. Moderna y original se remite a un repertorio clásico y poco transitado, registrado en parte en sus discos "Entre sueños", "Patio de tango" y "Tal vez será su voz".

Músicos

Julián Plaza

Julián Plaza

Una conjunción de variadas y positivas cualidades han concurrido armoniosamente para que Julián Plaza redondeara una de las personalidades artísticas más sobresalientes dentro de la historia del tango. Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre, no sólo a la consideración pública, sino especialmente al círculo de los profesionales de la música, dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.

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