Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Clásica y Ópera | Compositores

Kurt Weill

Kurt Weill

La vida y la creación de Kurt Weill se divide en dos períodos claramente diferenciados: se podrían titular "Europa" y "Norteamérica". El compositor, nacido en Dessau el 2 de marzo de 1900, estudió con Humperdinck, recibió sugerencias decisivas de Busoni, se convirtió en director de orquesta y a los 26 años tuvo su primer éxito. El estreno de su ópera Der Protagonist tuvo lugar en Berlín el 27 de marzo de 1926. Weill murió en Nueva York el 3 de abril de 1950. Poco tiempo después ocurrió algo inconcebible: su Dreigroschenoper, la Ópera de cuatro cuartos, apareció en uno de los grandes teatros de Broadway y fue representada 2.611 veces.








"Que no me vengan con la posteridad, yo escribo hoy para hoy", habría dicho Kurt Weill. Una perogrullada para muchos artistas —Mozart, Rossini y Verdi la habrían firmado sin más— y sin embargo característica del arte "actual" de Kurt Weill, que quiso crear en los roaring twenties, en los frenéticos, agitados y tempestuosos años veinte una "música para todos". Al derrumbarse un mundo que con su firmeza parecía que iba a durar muchas generaciones, al producirse después de la Primera Guerra Mundial una verdadera "decadencia de Occidente" (por emplear la polémica expresión de Spengler), las aguas elevaron a la superficie lo que estaba en las profundidades, las pesadillas del inconsciente se liberaron, se derribaron tabúes, se demolieron obstáculos, se destruyeron ideales para crear un espacio para lo "nuevo", que irrumpió como una inundación, sin encontrar terreno firme, y dejó una sensación de vacío que volvió más inseguros y desesperanzados a los hombres. El arte de los años veinte, una época sin orientación pero llena de talentos, no puede abordarse aquí ni por aproximación; el lector encontrará muchas explicaciones dispersas en los diferentes apartados de nuestro libro: sobre Schoenberg y Stravinski, Bartók y Hindemith, Milhaud y otros. Las consecuencias de aquella década se advierten todavía medio siglo después. A aquella época confusa pero interesante, destructiva pero no carente de valor y de valores, pertenece Kurt Weill. Mientras sus contemporáneos se pierden en complicaciones laberínticas, proponen teorías abstrusas y se alejan cada vez más de la capacidad de apreciación de los amantes de la música, del "público", Weill sigue el camino contrario: pocas veces se ha simplificado tanto la música —al margen de la popular—, pocas veces ha sonado en la tradición operística una música tan directa y a menudo vulgar, con una letra de idénticas características, como la de Weill. Pero hay que permitírselo a esa música: está llena de inspiración, tiene un extraordinario instinto para el efecto masivo. Entusiasmaba a los oyentes, la silbaban en todas las calles del mundo. Esto no dice nada sobre su calidad, difícil de juzgar, pero sí, y mucho, en pro de una inclinación a lo ordinario, una voluntad de ser inteligible, que en aquella época muy pocos manifestaban. Las ideas de Weill eran apremiantes, aunque no siempre de gran valor; eran originales y fascinantes; su martilleo de melodías simples y ritmos primitivos le allanó el camino hacia las grandes masas, siempre inabordables para sus contemporáneos. Para ello se sirvió, en su época de más éxito, de vibrantes argumentos políticos y de temas candentes. Cultivó la crítica social con el auxilio de una música estimulante y de esa manera llevó problemas de índole seria a una atmósfera emocional cargada. Ejerció una influencia muy grande, que ninguno de los compositores que le eran afines alcanzó.

La vida y la creación de Weill se divide en dos períodos claramente diferenciados: se podrían titular "Europa" y "Norteamérica". El compositor, nacido en Dessau el 2 de marzo de 1900, estudió con Humperdinck, recibió sugerencias decisivas de Busoni, se convirtió en director de orquesta y a los 26 años tuvo su primer éxito. El estreno de su ópera Der Protagonist tuvo lugar en Berlín el 27 de marzo de 1926. El libreto lo escribió Georg Kaiser, el renombrado poeta expresionista; recuerda un poco a Pagliacci de Leoncavallo: teatro en el teatro, con un final sangriento. A esta ópera en un acto siguió una obra extraña, Der neue Orpheus, una cantata escénica con sabor a cabaret basada en un proyecto del escritor francés Ivan Goll. Luego compuso Royal Palace (1927), una especie de revista donde una suicida, asqueada de la vida, recorre los últimos tramos de su existencia: en esta obra, probablemente por primera vez en la historia —tres años antes del Christophe Colomb de Milhaud— se incluyó el cine en la acción sobre las tablas.

Un año más tarde compuso Der Zar lasst sich photographieren, una "comedia a la antigua", pero al mismo tiempo una parodia de esas mismas comedias. En un estudio fotográfico de París se anuncia la llegada del zar de Rusia, que permanece en la ciudad: la sorpresa es grande, pues la bella propietaria del estudio no ha hecho nada por obtener aquel honor. Pero la situación se aclara en seguida: un grupo de conjurados se apodera del estudio, donde quiere atraer al zar, secuestra al personal y prepara un atentado contra la vida del soberano. El disparo mortal ha de salir de la cámara: hasta entonces, los asesinos nunca han podido apuntar con tanta tranquilidad y tan bien. Pero, por supuesto, todo ocurre de otra manera: al zar le gusta tanto la falsa fotógrafa que quiere cambiar los papeles y retratarla, lo que por razones comprensibles trata la joven terrorista de impedir a toda costa. Por último llega la policía, que seguía las huellas del zar, para advertirle de una conjura. Los terroristas huyen, y el zar se hace fotografiar por la verdadera fotógrafa, ya sin revólver en la cámara. El entretenido texto también es de Georg Kaiser; Weill hace todo tipo de bromas musicales, utiliza un disco de tres minutos de duración (en aquella época ya se conocían, pero tenían mucho ruido de fondo) para un baile del zar con la loto-grata falsa y muestra ya los nítidos comienzos de su estilo de canción popular con acompañamiento de jazz, que pronto sería muy efectivo.

Weill ingresó conscientemente en las filas de los artistas comprometidos con la lucha de clases. Sin comprometerse políticamente, se asoció con Bertolt Brecht, el primer dramaturgo marxista consecuente a cuyo genio debemos una nueva variante del drama, el llamado "teatro épico". Weill alcanzó con Brecht éxitos que raramente logra un compositor joven: Die Dreigroschenoper, Mahagonny. Pero ya no quedaba mucho tiempo para este tipo de obras. La "era de Hitler", que comenzó en 1933, puso fin a esa época musical y obligó a la mayoría de sus representantes a exiliarse.

Weill emigró a Estados Unidos y entró en una fase completamente nueva de su vida y de su creación, tras haber terminado en 1933, todavía en suelo europeo, en París, donde ambos se había encontrado fortuitamente, un último trabajo con Brecht: Die sieben Todsünden des Kleinbürgers. El estreno alemán se celebró 27 años más tarde, el 6 de abril de 1960, en Francfort del Meno, y produjo una fuerte impresión; a pesar de que la música había sufrido entre tanto grandes transformaciones, se advirtió claramente el talento original y la capacidad de Weill. La pieza describe, con una fuerte crítica social y una valoración negativa del american way oflife, las ambiciones de una "típica" familia provinciana de Estados Unidos que subordina todas las cosas de la vida a la posesión de una casa propia en el estado de Luisiana. A la hija Anna la envían a la ciudad para que trabaje de bailarina en establecimientos de dudosa reputación. Como fondo de las variadas experiencias de Anna están las escenas familiares: el padre, la madre, dos hermanos, que cínicamente y sin sospechar nada juzgan a su hermana según la cantidad de dinero que envía para la compra de la casa. Así va creciendo lentamente este "sueño a orillas del Misisipí", a cuyo servicio debe Anna aprender a conocer y soportar la vida.

Una vez en Norteamérica, surge por así decirlo un "nuevo" Weill. Junto a alguna música incidental (para The Eternal Road, Jonny Johnson), compone sobre todo para el género relativamente novedoso del "musical": One Touch of Venus, Down in the Valley (donde emplea el folclore norteamericano) son algunas de las comedias musicales que tuvieron diversa suerte y cuya falta de difusión internacional es inexplicable. No sólo hay que pensar en el Weill de los años veinte. La última partitura anterior a su temprana muerte corresponde también a una ópera, Lost in the Stars, en la que se muestra el candente problema racial tomando el ejemplo de Sudáfrica, tal como lo describió el escritor Alan Patón, de aquel país, en su novela Cry, the Beloved Country. Los hitos de Weill en otros ámbitos musicales —por ejemplo, en la sinfonía— no corresponden a este libro, pero los mencionamos expresamente como obras muy notables y demasiado poco conocidas.

Kurt Weill murió en Nueva York el 3 de abril de 1950. Poco tiempo después ocurrió algo inconcebible: su Dreigroschenoper, la Ópera de cuatro cuartos, apareció en uno de los grandes teatros de Broadway y fue representada 2.611 veces, con lo que superó las marcas de todos los musicales. El público menos revolucionario del mundo celebró una obra que un cuarto de siglo antes había sido considerada un llamamiento a la revolución. ¿Sólo había quedado la amarga ironía de la pieza? ¿Fueron las efectivas canciones populares las que posibilitaron este colosal éxito?

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen
 
Más Notas
Maurice Ravel
Félix Mendelssohn
Piazzolla más clásico que nunca
La tragedia de Georges Bizet
Juan Crisóstomo de Arriaga

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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Casta diva

    Renée Fleming (Norma)

  • Si puo, si puo

    Ingvar Wixell (Tonio)

  • El caballero de la rosa

    Richard Strauss

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 31

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    Ciclo 2012 - Programa N° 25

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 26

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    N° 5 - 03 de octubre de 2010

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 24

Intérpretes

Músicos

Hugo Baralis

Hugo Baralis

Precoz, como muchos músicos de su generación, Hugo Baralis debutó, a los 18 años, como violinista en la reconocida orquesta de Minotto-Di Cicco. Cultor de un estilo elegante y decidor, comenzó a llamar la atención del mundo tanguero por su estilización del tango en el violín. Heredero de la escuela de Elvino Vardaro, pero con un personal sonido, logró imponer su refinamiento en grabaciones que lo sobreviven para el Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla.

Poetas

Enrique Cadícamo

Enrique Cadícamo

Poeta, escritor y autor teatral. El primer tango de Cadícamo fue “Pompas de jabón”, con música de Roberto Goyheneche. Fue el primer tango que Gardel le grabó al poeta marcando el inicio de sus notables creaciones. Además le cupo a Cadícamo ser el autor del último tango que Gardel grabó en la Argentina, antes de emprender su última gira, el tango “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933. Su obra no se limitó al tango, sino que abarcó múltiples ritmos. Su creación profílica y multifacética es un aporte significativo a la cultura popular.

Músicos

Sebastián Piana

Sebastián Piana

Entre los artistas de más extensa trayectoria que haya tenido nuestra música popular, Sebastián Piana se ha distinguido por la jerarquía y la sostenida inventiva de su obra de compositor de formidable clásicos: bastará la mención de "Sobre el pucho", "El pescante", "Arco iris", "Tinta roja" y "Milonga triste", para ubicar inmediatamente su talento, su corazón de hombre de Buenos Aires y el nobilísimo cuño de su inspiración. Musicalizó varias películas y obras teatrales. Son innumerables las obras que lograron un éxito resonante.

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Mar del Plata, 30/05/2016

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El sábado 11 de Junio a las 21 hs se presentará en el Teatro Municipal Colón la gran cantante Amelita Baltar, acompañada por la Orquesta Municipal de Tango que dirige el Maestro Julio Davila y el pianista Aldo Saralegui como invitado especial. Luego de su presentación en Mar del Plata, la cantante estrenará un nuevo espectáculo: "Noches de Kabaret" en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

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